martes, 24 de mayo de 2016

Abigail

Para mi amada, en su trigésimo quinta vuelta al sol.


A ella le gustan la soledad y el silencio, que son las dos fieras mitológicas a las que yo más temo.
Por eso le hablo quedito, desde lejos, con la pura voz del pensamiento. 

Resultado de imagen para enamorada blanco y negroYo digo que estoy lleno de ella, porque su desnudez me desborda; y digo que estoy loco por ella y que moriría por ella, pero su serenidad y su temple me vuelven cuerdo. 


Como la flor al cactus, a ella un “Te amo” le brota una vez al año; pero no hay aurora boreal, ni arte ni canción, que se comparen con ese prodigio que sólo puedo explicar a los pájaros.

Ella me recuerda a Cleopatra y a Sor Juana, y a veces me recuerda al mar cuando padece de nostalgia; pero sobre todo me recuerda ese instante de mi antigua infancia en que aprendí a descifrar las letras.

Ese vértigo que se siente cuando pisas la orilla del cielo, ese peligro de caer al vacío de lo eterno, es lo que yo siento cuando ella abre sus brazos para entregarme sus besos.

A veces necesito que me salve. A veces necesito que me guarde en su corazón para que el mundo no me asfixie. Pero siempre, invariablemente, necesito abrazarla por las noches para conciliar el sueño.

Pido perdón a mis cuatro lectores si confieso que todo lo que escribo, lo escribo tan sólo para agradarle a ella, pues sin el roce de sus labios mis palabras no tienen cuerpo.  

Pido perdón a Dios si confieso que creo en Dios porque siento que Dios me mira a través de los ojos de ella, y me escucha por sus oídos cuando se inclina en mi pecho.

Yo le regalaría todo el oro del mundo, si lo tuviera. Yo le habría escrito los Veinte poemas de amor y una canción desesperada si no pensara que Neruda, sin saberlo, los escribió para ella.

Yo la amo como ama la vida el cobarde y como aman la muerte los asesinos. Yo la amo como aman su oficio los cirujanos. Yo la amo como aman los condenados a felicidad perpetua. 

Por eso cuando vuelva a nacer quiero volver a encontrarla, y descubrirla por accidente como algunas estrellas de Andrómeda, después de mucho caminar sin rumbo entre cometas y asteroides.

Si lo hago en forma de árbol, cuando vuelva a existir quiero que en mi corteza escriban las iniciales de su nombre: ASR. Y si regreso disfrazado de ola, quiero besar la arena donde se hayan posado sus plantas.

OCMG

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